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NOVEDADES (5) |
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| 03 Agosto 2009 |
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El rock tiene prejuicios con la palabra amor |
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Archivo - 20 Julio 2009
Cuando creían que su momento nunca llegaría, Sistema nervioso central, su disco anterior, los acercó a la masividad. Fito, Mollo y Calamaro los elogian. Cómo un puñado de hits les cambió la vida. Estribillos, Nino Bravo y rock & roll.
Manuel Moretti, el cantante y líder de Estelares, agarró una guitarra por primera vez a los 21 años: “Estaba loco como una cabra, angustiado, con problemas familiares y de drogas. Corrió riesgo mi estructura afectiva, tenía una soledad muy grande más allá de las drogas, aunque probablemente una en especial me alteró el sistema nervioso. En el ’87 me fui de Buenos Aires a La Plata para limpiarme. La manera de volver a relacionarme, de a poco (me llevó un montón de años), como hombre social, fue encontrar la melodía y el verso. Empecé a escribir canciones y a todo el mundo le parecían buenísimas”, cuenta en un bar del Abasto. Ese “todo el mundo” incluía a Rocambole, que les hizo la tapa del primer disco (Extraño lugar), la Negra Poli y Skay, de Los Redondos. “Empezó a convertirse en una profesión. Y supe que nunca iba a dejar las canciones. Pero igual tuve miedo, pensaba si íbamos a lograr algo, a los 30 tenía la sensación de que se nos pasaba el tren…”
Flashforward a fines de la década ’00 y Estelares como una de las bandas más interesantes con posibilidades de ocupar el trono de masividad que dejaron vacante Divididos, Los Piojos o Bersuit. Moretti se codea con Fito, Calamaro y Mollo.
–¿Qué fue lo que más los sorprendió del suceso que fue Sistema nervioso central, el disco anterior?
–Mil cosas hermosas. No parar de conocer el país, viajar a España, Paraguay, Uruguay. Sonamos en todos lados, voy caminando por la calle y me saludan. Los músicos me reconocen. Un día, en Excursionistas, me tocan el hombro y era Ricardo Mollo. Que me llame Fito Páez a cantar en el Ópera porque estaba enamorado de la canción “Ella dijo”. Vivir de esto.
–¿Antes de qué vivían?
–En mi caso, hasta el 2000 trabajaba de mozo en La Plata, donde vivía. Mozo de restaurante cajetilla, laburaba cuatro horas y cobraba 1.800 pesos. Pero en un momento decidí hacerme cargo de lo que recibía como devolución desde que empezamos: que las canciones estaban buenísimas. Me mudé a Buenos Aires y durante tres años viví gracias a la amabilidad de los amigos y algunos shows. Todo empieza a cambiar con Ardimos y cierra con Sistema…
–¿No podrían haber triunfado desde La Plata?
–Es así. Son 60 kilómetros, pero cuesta. Podés hacerlo: los Guasones y tres de los Estelares viven allá. Pero yo vengo y a los seis meses estoy hablando con Calamaro (que cantó en “Moneda corriente”), me junto con Juanchi para producir más rápido…
–¿El principal aporte de Baleirón fue en los estribillos?
–Sí. La primera vez escuchó sesenta canciones y me dijo: “Sos un gran escritor de versos, pero no escribís un puto estribillo”. Entonces dije: “¿Querés estribillos? Ok”. Y me concentré en eso. A la altura de Sistema…, tenía el método tan internalizado que las canciones me venían así.
–En este disco bajaron un cambio…
–Me había encantado sonar en las radios, pero no quería repetir la fórmula y hacer otro disco que arrase. Este exige más. Queríamos que tenga un poco de coloque, diferentes estilos: tenés beat de los setenta tipo Roberto Carlos o Nino Bravo, una canción americana folkie medio tanguero-melancólica, seudo-tango, Beach Boys, tipo Virus, una íntima, otra tipo Wilco, otra Color Humano, y “Tanta gente”, que es re-Estelares.
Moretti nació en Junín, adonde vivió hasta los 17 años. Hoy, a los 43, confiesa: “Estábamos asustados por la presión de Sistema nervioso central. Veníamos de una bomba atómica. Era la primera vez –a la altura del quinto disco– que entrábamos al estudio siendo medianamente conscientes de ser una banda exitosa: ‘Che, me parece que hay gente esperando nuevo material’. Al principio todo eso se nos vino encima. Hasta que nos dimos cuenta de que teníamos que hacer lo que siempre hemos hecho: ponerles color a las canciones”.
–El título, Una temporada en el amor, puede sonar cursi…
–Era el prejuicio inicial: no lo quise poner. Se iba a llamar El mundo de Leonardo Favio. En el rock hay mucho prejuicio con la palabra amor. Yo no hablo del amor de pareja: no es “hola, mi amor”, sino como construcción con el otro, la relación con tu profesión y amigos, que implica respeto. También el amor a las canciones, que hay que tener para seguir queriéndolas después de 18 años. Y el filial: después del éxito me convertí en padre, sufro las miserias y me las banco: “La casa aún está en llamas pero ya no tengo miedo”, como canto en una canción. Además, juega con Una temporada en el infierno, de Rimbaud, el libro que más amé cuando era adolescente.
–¿Qué te provoca que “Ella dijo” tenga hasta una versión cumbia?
–Cuando la compuse, sabía que tenía una bomba, que iba a ser un hit. Fue la única vez que me pasó. Me pone contento. Nunca en la vida lo esperé. Pero me da una gran satisfacción haber escrito una canción popular. Yo estimo mucho la canción popular, no tengo el prejuicio de la banda de culto, si bien al principio lo éramos. Hay tres o cuatro versiones: la de Miguel Angel en cumbia no me gusta. En cambio, la versión cuarteto de “aire”, de Fernando Bladys, es casi mejor que la nuestra.
–La frase “me encanta ir a la cama contigo / pero no quiero nada más”, ¿te la dijeron?
–No. Es una síntesis que me encantó. Tengo mucha estima por una parte de la dinámica femenina, y me parecía buenísimo jugar a igualarnos, como de a poco lo viene haciendo el mecanismo social. Sólo el varón puede decir eso, pero estaría bueno que una mina dijera “quiero cogerte y nada más”. A todos nos ha pasado.
–¿Escribiste un tema llamado “Los 90”. ¿Cómo te pegó el menemismo?
–Mal. Fue una década infame, lo sufrí y sigo sufriendo muchísimo. Cuando no me podía dormir, para encontrar un lugar de paz imaginaba cómo mataba a Menem en la plaza pública. planeaba cómo sorteaba la guardia y le pegaba un tiro en la sien. Lo odio por todos estos años de no pertenecer. Él y Tinelli representan el cinismo, por haberle demostrado a la sociedad que afanando diez días se puede vivir una vida, que construir no tiene sentido. La clase media que se olvida de todo por ir a Cancún y tener un poco de dinero… dinero que nadie pensó que no era nuestro. Pero repito, yo laburaba cuatro horas y ganaba 1.800 dólares: esa plata no podía ser mía. De lo que me tocó vivir no hay como esa década infame. El país sigue siendo menemista, no es casual que esté Tinelli.
–¿Se ven ocupando el lugar de banda masiva?
–Lo único que necesito es que nos podamos dar a entender, que se abran nuevas orejas. En la última Trastienda quedó gente afuera por primera vez, y donde venían quinientos ahora vienen mil, pero de ahí a ser muy convocante, no sé. Me encantaría. Este disco tiene canciones que pueden hacer que la banda lleve más gente. Y las críticas que tuvimos nos hacen decir “Ah, la mierda, por ahí vamos a ser nosotros”.
Martín Mazzini
Revista XXIII |
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COMENTARIOS (8) |
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Biografía
Surgida a mediados de los ‘90, cuando todo parecía tender a lo “sónico” o al “rock candombe”, cuando para definir influencias se hablaba de afinidades “extranjerizantes” o "nacionales", Estelares se puso un nombre de banda de cumbia.
Es que eran sentimentales sin hablar del barrio (no por lo menos según las coordenadas que se volvieron de rigor) y anglófilos sin invocar al Noise ni a la Generación X.
Estelares hacía canciones. No hay formato más clasicista que la canción. Y su gusto por el enfoque a la vez melancólico y épico le daba a esas canciones un estatuto casi de tomografía de las emociones, instantáneas del corazón en movimiento.
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