Los Barbot alcanzan a mediados de 2008 la formación definitiva. Su música se mueve en el interior de ese espectro inasible llamado rock, algo que, por cierto, hoy día no parece indicar demasiado. En todo caso podría afirmarse que Los Barbot saben, en parte, aquello que no son: no son una banda de rock barrial, ni hacen pop ni fogones. Tampoco hacen culto a una vida rockera de excesos o presuntas revoluciones. Al fin de cuentas, para bien o para mal, son una banda del siglo XXI post Cromagnon que no usa ni batería ni bajo, instrumentos que son suplidos perfectamente por una percusión y un apoyo electrónico encomiable. Si bien resulta apresurado delinear una identidad sin un primer disco terminado, parece haber una tendencia que atraviesa música y letra: hibridez y ambigüedad. Hibridez producto de la unión de los diversas influencias musicales de los integrantes que van de Caetano Veloso a Calle 13 pasando por Drexler y los Rolling Stones sin que la banda se sonroje. Y ambigüedad en el mejor sentido de la palabra, esto es, letras que al mismo tiempo que se comprometen con un contenido dejan abierto un espacio de significación a ser completado por el que escucha. Mientras prometen tener listo en 2009 su primer disco, hay buenas razones para aguardar expectantes.