La banda nacida en el año 2003 en la ciudad de Campana e instalada en el Under de Capital Federal hace años, mediante esfuerzo y dedicación; propone en sus shows un intenso viaje en búsqueda de sensaciones similares a la que nos entregan los marcos como el desierto y el mar en los cuales el hombre suele sentirse despojado de toda influencia exterior, a través del fluir de incesantes ráfagas de canciones repletas de rock, psicodelia y adrenalina.
En su propuesta, regida por una visión unitaria del mundo con sus contradicciones como perversión sistemática, no se plantean dualidades hacia afuera, Los Nervios son íntimos de un todo iluminado y oscuro a la vez, esa es su expresión de libertad.
Sus integrantes han crecido en una ciudad industrial y conservadora en la cual las odas a la quietud son reiteradas ceremonias, un lugar donde las ideas de festejo, libertad, y dispersión son más que tenues; solo se apremia el sudor de la frente y solo si Doa Rosa dogmática lo permite. Un lugar regido por la cadencia zombie de la contaminación provocada por las grandes industrias, adormecido por el rigor de la gran bestia, donde los individuos terminan siendo chupados por este gran embudo fabril que otorga placebos a sus operarios como dulces coches, que solamente sirven para ir de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás.
Hartos de vivenciar estas situaciones de castidad, Los Nervios, deciden llevar adelante su propuesta, e intentan trasladar a la audiencia a que rompan con ese corral uniforme que se ha instalado. Es una invitación al placer, a la catarsis absoluta; al menos un placebo más romántico que un coche jaula.