Percibir al tiempo de manera lineal, tal vez implique concebir al deseo de manera objetiva. STOP! El deseo se sujeta y se expande desde cada uno; y cada sujeto puede hacer, o no, de éste su motor, su punto de arranque, su partida, su parada, su tránsito. Nuestra historia no sabe, porque no quiere, soportarse en cronologías lineales. Descansa, se despliega y se constituye en las ganas, en las risas, en el disfrute, en cada apuesta, en cada jugada, en la música. Nuestra historia, sí sabe de buscar palabras, acordes, sonidos, melodías, canciones. Esas canciones que nos permiten expresar lo que trasciende, lo que suma, arrebata, acorrala, moviliza. Quizá, sin más o no, el Deseo. Entonces, sujetados a la vida, viajamos con el deseo como motor y nuestra música como única entrega y equipaje.